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“Los cinco Magníficos de Chōshū”: pioneros de Japón

Un viaje difícil hacia la modernización

En los días precursores de la Restauración Meiji, cinco hombres, samuráis de un feudo llamado Chōshū, emigraron a Inglaterra para poder cursar su formación académica. A su vuelta, bien versados en tecnologías y sistemas del momento, fueron adalides de la modernización de Japón.

Pocas palabras bastan para definir al País del Sol Naciente. Abanderado de entre las potencias mundiales, cultura milenaria y referente tecnológico. Sus seguidores crecen por segundos de millar en millar. Tal situación no nace de la nada y por tanto es lógico reconocer que solo puede ser fruto de un arduo proceso. Este río de sucesos devenido en la historia merece destacar cinco nombres propios. Cinco que se fueron y volvieron de lejos para destacar con importancia tónica en la historia. Son conocidos como los Chōshū Goketsu (“Los Cinco Magníficos de Chōshū”, y se erigieron como baluartes en esta evolución fundamental para la versión actual del país que tanto amamos.

Los cinco del feudo de Chōshū (a.k.a Yamaguchi en la actualidad) conocidos como Itō Hirobumi, Inoue Masaru, Inoue Kaoru, Yamao Yōzō  y Endō Kinsuke, partieron a Inglaterra desde el puerto de Yokohama en el año 1863, dejando atrás un inestable Japón cuyo Gobierno del Shogunato (Bakumatsu) alcanzaba con languidez sus últimos estertores, conllevando el final del periodo Edo (1603-1868).

Por aquel entonces era particularmente extraño que un japonés visitara otros países. La singular expedición tenía como objetivo asimilar el mayor número posible de conocimientos occidentales para así, convertirse en símbolos de la política presente en aquellos momentos (de rechazo a los extranjeros, nombrado como jōi) a su regreso al hogar.

Comenzaron estudiando la lengua extranjera, instalaciones y química analítica en el ‘London University College’. Aunque tras los primeros meses, dos de los integrantes (Itō Hirobumi e Inoue Kaoru) abandonaron la expedición debido a una amenaza bélica cerniente sobre un enclave portuario de Chōshū. Los 3 miembros restantes prosiguieron su formación extranjera en otras especialidades científicas hasta que, en 1866, Endō Kinsuke regreso a casa. Inoue Masaru obtuvo un diploma de estudios y Yamao realizó prácticas en astilleros de Glasgow y el ‘Anderson College’. Ambos regresaron a Japón en el año 1868.

Itō Hirobumi e Inoue Kaoru: políticos allende los mares

Itō Hirobumi e Inoue Kaoru, de posición considerada ya antes de su periplo, aumentaron su estatus en el feudo Chōshū. Tras la formación del Gobierno Meiji fueron nombrados como funcionarios diplomáticos del país en los puertos nuevos, enfocados al comercio internacional emergente. Después, fueron designadas como personalidades de alto rango en el Ministerio del Tesoro (gestor de la política financiera y asuntos civiles) pero Itō fue degradado tras proponer una futura eliminación de los feudos y el establecimiento de las prefecturas, señalado como exceso en sus funciones.

Ambos dimitieron por considerar inadecuadas las formas de gestionar la centralización de poderes, pero su valía y experiencia los hacía insustituibles. Finalmente, en el año 1871 se secundó aquella revolucionaria propuesta y los feudos fueron sustituidos por el concepto japonés de prefecturas, similar a nuestras conocidas provincias.

Inoue fue ascendido a Viceministro del Tesoro, pertrechando el prototipo del sistema de presupuestos anuales con criterios modernos. Tras algunos cambios y viajes, acabó como miembro del Consejo de Estado en 1878 junto a su compatriota Itō (unido en 1873).

Ambos participaron en la redacción de la primera constitución moderna de su nación desde sus respectivos puestos: uno como el primer ministro de Asuntos Exteriores e Interior de la historia de su país (Inoue) y otro como creador y primer jefe del Gabinete de Gobierno de Japón. La obra de ambas figuras aún perdura en el sistema político y en La Administración del archipiélago nipón.

Yamao, explorador de la industria y la comunicación

Tras su rutilante regreso, Yamao ingresó al Ministerio del Tesoro y Asuntos Civiles, aunque la creciente inversión -que detonó una fuerte crítica social- le llevó a proponer la creación del nuevo Ministerio de Industria. Nacido para implantar programas de fomento industrial como minería o ferrocarril, telegrafía o navegación.

Inició la primera línea férrea entre Tokio y Yokohama en 1872, inauguró una pionera comunicación telegráfica para la nación y promovió en creación de organizaciones de recursos humanos y formación personal. Sobre todo en formación técnica, gestando la Universidad Estatal de Ingeniería.

Fue ascendido al cargo de director de la universidad en 1881. Más tarde ostentó el cargo de director del Departamento de Legislación, pero el paso –y cambio- de los tiempos, propició que no destacara como antaño debido a que el Gobierno dejó de promover cambios modernizadores de forma activa.

Inoue Masaru, del mar al ferrocarril

Tras su regreso a Chōshū, en 1869 se incorporó al Gobierno emergente con el fin de gestionar materias relacionadas con minería y la fabricación de moneda. En 1871 fue nombrado responsable de la División de Ferrocarriles del Ministerio de Industria. Siempre en coordinación con los extranjeros contratados por Japón para estas materias.

Sus conocimientos científicos y del idioma inglés le llevaron al éxito. En 1872 fue inaugurada la línea Tokio-Yokohama. En 1874, las de Osaka y Kōbe. Apenas tres años después se unió el tramo entre Kioto y Osaka. Inoue fue además capaz de formar mientras tanto a técnicos autóctonos del país; haciéndolo crecer en autonomía. Aligerando carga salarial y dependencia del mismo.

En 1889 quedó completada –en colaboración con la Universidad Estatal de Ingeniería y la Facultad de Ciencias de la Universidad de Tokio- la línea de Tōkaidō y, en 1893 la de Shin’etsu. Las tecnologías fueron avanzando de forma exponencial y los trenes evolucionaron sobremanera, salvando todos los obstáculos geográficos que se encontraban.

Endō Kinsuke, el padre de la moneda moderna

Endo dejó el feudo de Chōshū y se unió a Hyōgo, donde fue nombrado director de una versión primitiva de lo que después sería la aduana portuaria. También dirigió la distribución comercial y exterior con gran soltura, gracias a su dominio del inglés.

En 1870 accedió a la dirección del Departamento de Acuñación de Moneda. Comenzando a funcionar con máquinas importadas de occidente. Endō se encargaba de las comunicaciones, normalmente con extranjeros, -que eran quienes protagonizaban estas operaciones en la época-. Así logró, de forma tangible, la primera acuñación de moneda moderna del archipiélago nipón.

En 1874 dejó el Departamento de Acuñación de Moneda tras una tensa relación –desgastada en el tiempo- entre los encargados de los departamentos y los habituales extranjeros. Antes de irse realizó despidos masivos de estos sectores nutridos principalmente de occidentales. Pudiendo permitirse este “lujo” en parte, gracias a la rápida asimilación de técnicas y conocimientos de los japoneses tras la chispa encendida por los pioneros.

Endō volvió al cargo en 1881, con un gran séquito de recién licenciados en las radiantes y jóvenes universidades de ingeniería y ciencias. Abandonó finalmente el puesto en 1893, dejando un sistema totalmente establecido y funcional de acuñación monetaria que aún perdura en su tierra natal.

El legado de los “Cinco Magníficos de Chōshū”

La historia de estos pioneros se ha escrito con tinta dorada en el progreso y la modernización de su hogar. Sus conocimientos y aptitudes les alzaron rápido en puestos de suma importancia en un tiempo de cambio e inestabilidad. Perdurando su ascenso incluso en la instauración del nuevo Gobierno Meiji.

Lograron insuflar aires nuevos, aunando lo mejor de occidente en los sectores de su estudio y aplicándolo -con eficacia y solvencia incontestables y con el tiempo y la forma idónea- en una cultura muy particular.

La importancia de los campos en los que grabaron con fuego eterno sus nombres es capital: ferrocarriles, moneda, instituciones para formación técnica, organización de presupuestos nacionales, gabinete de Gobierno e incluso en la primera Constitución moderna de Japón. Colaborando in situ con los extranjeros de los que el país era dependiente para tecnificarse y propugnando el gran cambio generacional con jóvenes nacionales capaces y formados en universidades que ellos mismos ayudaron a fundar.

Huyendo del glamur de las grandes hazañas de enormes conquistadores o de las batallas imposibles de la guerra, quizá no parezcan tan dignas de mitos e historias los logros de aquellos cinco samuráis de Chōshū. Pero en la vida real, sin duda, fueron héroes en la sombra para su nación. Nadie puede mirar el sol naciente de un honorable amanecer en el cielo de Japón, sin reconocer que parte de su magnífico esplendor recae en los hombros y gestas de aquellos “Cinco Magníficos de Chōshū”.