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Las dos ruedas más peculiares de Japón: ‘mamachari’

¿Mamachari? Es la abreviatura en el idioma nipón para expresar ‘mama no charinko’ o en nuestro idioma “la bicicleta de mamá”. Este peculiar vehículo suele ir pertrechado con una cesta delantera o trasera junto a una singular silla dispuesta para cargar con un niño sin lugar a accidentes. Su singular forma en “L” o “U” se une a sus ruedas de unos 550 milímetros de diámetro.

Un vehículo en auge

Nacidas para pequeños recados y fomentar la movilidad o dejar/recoger a los más pequeños de sus obligaciones escolares. Su particular imagen y utilidad han conseguido atraer la atención internacional.

El vehículo resulta extremadamente estable, -al contrario de lo que pueda parecer por la impresión inicial- y su utilidad ha traspasado umbrales sociales y geográficos. Es cada vez más habitual ver como las emplean trabajadores trajeados o incluso estudiantes. Sus cestas equipables son ideales para transportar complementos, bolsas de compra o material de oficina. Incluso puede albergar asientos dobles para niños.

Su historia

Su aparición parece remontarse hacia la década de los 50 del siglo XX. La “Smart Lady”, preparada para mujeres, con un centro de gravedad más bajo que las antecesoras, más altas y pesadas, y con una barra superior en forma de “U” para facilitar su manejo, parece su antecesora más clásica. La cesta delantera frente al manillar, no podía faltar. Fue un gran éxito.

La ‘mamachari’ pronto alcanzó cotas altísimas de popularidad al poder ser empleada por distintos tipos de personas y en muy variados usos. La guinda se encontraba en un precio mucho menor comparado con el de sus mellizas más deportivas. Alrededor de los 10.000 yenes. No es demasiado atrevido aseverar que las ‘mamachari’ fueron las precursoras del protagonismo de las dos ruedas en el país del Sol Naciente.

Algunas de sus características

Su búsqueda de la utilidad, como un tesoro inimitable, se deja palpar en su logística. Su cierre de seguridad viene acoplado a la bici y es fácil de abrir y cerrar con un grácil toque o pulsación. La luz está integrada en el chasis así que no puede ser robada con sencillez. Además no requiere baterías y las ruedas llevan unos guardabarros muy sólidos, para proteger a la ropa y a sus 2 o 3 pasajeros.

En 1993 se lanzó el primer modelo a motor, y aunque es extremadamente útil para subir las largas cuestas de la tierra del Shōgun, resulta un tema delicado. Cada prefectura cuenta con sus propias normas reglamentarias para estos vehículos.

Ventajas universales

Su fama no ha parado de ascender estos últimos lustros y no es de extrañar su reconocimiento internacional. Como otro pedacito del erario japonés, estos vehículos han protagonizado todo tipo de documentos audiovisuales. Esto queda perfectamente ejemplificado en la apertura de la tienda ‘Mamachari Bicycles’, nada más y nada menos que en Londres. No son pocos los países donde su venta gana en popularidad, bien nuevas o de segunda mano.

Hoy en día ya no son simplemente las “bicicletas de mamá”. Han evolucionado para convertirse en una alternativa digna del país que tanto amamos regalada al mundo. De hecho, los números de fabricación rivalizan –cuando no superan- a los de bicicletas deportivas o tipo BMX. Quizá en un futuro cercano, todos circulemos en uno de estos sensacionales vehículos llegados de allende los mares desde nuestra isla preferida en el mundo.