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La realidad tras la leyenda de Musashi

Miyamoto Musashi, el legendario maestro espadachín del período Edo, se batió en míticos duelos desde su más “tierna” infancia. Venció en más de 60 duelos y escribió en las postrimerías de su vida una de las óperas primas de la literatura japonesa: el ‘Gorin no sho’ o “Libro de los cinco anillos”.

Múltiples ediciones y traducciones de su escrito más emblemático han permitido a Miyamoto Musashi alzarse con el trono de la fama. No obstante, su imagen ha quedado sensiblemente delimitada por las adaptaciones a Hollywood de su vida y los afamados duelos en los que se batió. Esta imagen de ‘rōnin’ (samurái errante, sin señor), nacidos a su vez, de una biografía escrita más de cien años después de su fallecimiento.

Resulta muy interesante establecer una especie de claraboya, partiendo desde el estudio histórico más objetivo, que nos permita bucear por las aguas de la vida del inigualable personaje. Evadiendo las grandilocuentes historias de sangre y honor.

Un cambio de era

Musashi escribió los primeros borradores del “Libro de los cinco anillos” cuando era joven. Escritos que modificó más tarde, hasta dar luz a la magnánima obra que hoy disfrutamos. Además, conservamos otros textos del autor, entre los que podemos encontrar documentos legados por su hijo y sus discípulos y otros que fueron conservados por señoríos con los que mantuvo contacto y dos cartas enviadas a un señor feudal. Ambas compuestas por unos diez dibujos en tinta, además de una espada de madera y su guardamano que él mismo manufacturó. Su estudio completo resulta esclarecedor.

Nació en 1582 y falleció en 1645, en una época harto convulsa que marcó la unificación del país con el shogunato de Edo. La vida de Musashi es fácilmente divisible en cuatro etapas, entrelazadas de forma paralela al devenir de su país.

Las etapas se su vida

La primera es sin duda de formación hasta su veintena de edad, coincidiendo con la unificación japonesa antes citada, formando el orden usual de Japón en la Edad Moderna (siglos XVI-XIX).

La segunda etapa alcanza desde sus veintiún años hasta acabar su adiestramiento como guerrero a sus 29 años. Una época plena de batallas decisivas y tormentosas a causa de la resistencia de los supervivientes del anterior -y derrocado- régimen.

La tercera etapa abarca de su treintena hasta los cincuenta y nueve años. Y consta de un periodo de servidumbre a diversos señoríos y una búsqueda constante de la filosofía real que conlleva el uso de la espada. En esa etapa se estableció -tras el Sitio de Osaka, el sistema “shogunal” que abarcó a todos los feudos del País del Sol Naciente.

La cuarta, que consta de sus últimos años de vida, a partir de sus 60, plasmó todo su saber y experiencia en su afamado libro, mientras las nuevas generaciones políticas cogían el testigo en el gobierno de la nación.

La senda de Musashi es la senda del samurái

En sus escritos, Musashi se identifica en diversas ocasiones y con especial ahínco como “un samurái oriundo de Harima”. La familia biológica de Musashi se posicionó con el futuro bando perdedor de la contienda política, por lo que resulta lógico que fuera adoptado por Miyamoto Munisai, que había recibido el apodo de ‘Tenka Musō’ (“Sin igual bajo el cielo”) del shogunato Ashigaka por su valía. Con quién Musashi aprendió todos los secretos sobre el arte de la espada.

Desde aquí se inició una serie de duelos, recorriendo toda la nación, de entre los cuales destaca la victoria sobre el espadachín más destacado de la época y la génesis de su primera obra ‘Heidōkyō (“Espejo del Camino del Guerrero”), realizada a sus veinticuatro años. La cifra total de contiendas fue más allá de las sesenta, todas victoriosas para nuestro protagonista.

El último de estos duelos, frente al legendario espadachín Kojirō, es quizá el más famoso. Se citaron en una isla desierta y el adversario se presentó con una ‘katana’ de más de 90 centímetros sólo para ser derrotado por Musashi, portando una espada de madera aún más larga.

Su madurez

Según afirma el propio protagonista en su célebre obra el “Libro de los cinco anillos”, hacia los 50 años ya había dominado el camino de la espada. Estos años, según unos claros registros, Musashi fue parte de huestes de un ‘damyō’ que se alineó con el bando Tokugawa durante el famoso y clave Sitio de Osaka de 1615 (a los treinta y cuatro años de vida de Musashi). Dos años después fue acogido en el feudo de Himji, donde sirvió como ‘Kyakubun’ o samurái externo. Posición gozosa de gran libertad desde el que instruyó en el arte de la espada a los hijos del señor y a otras figuras destacadas.

A partir de aquí, Musashi comenzó a interesarse por la parte más filosófica y espiritual o teórica de su profesión y proliferó en el dibujado y entintado que tanto acabó caracterizándole. Los siguientes años vieron traslados al feudo en el que su hijo Iori servía, a la par que ascendía (gracias en gran medida a la fama y obra de su padre) hasta convertirse en una destacada figura en el apaciguamiento una cruenta revuelta en Shimabara que le valió el puesto de ‘hittō karō’ (el más alto de los ‘karō’).

En 1640, comenzó una nueva senda como ‘Kyakubun’ del feudo Kumamoto, y un año después reescribió su primera obra, desglosándola esta vez en 35 normas sólo para ofertarlo a su señor, fallecido apenas un mes después. Por esto, dos años más tarde, Musashi inició la escritura del archiconocido “Libro de los cinco anillos” que dedicó al nuevo amo y a los restantes ‘Karō’ del feudo. Esta obra, concluida año y medio después, expone la filosofía del ‘bushi’ (guerrero) y del proceso de adiestramiento del camino de la espada.

El legado

Musashi no buscó la fama o el reconocimiento. Su legado, además de su arte, fue una incansable búsqueda de la verdad y de la complementación. El inmortal camino de la espada y del ‘bushi’ son lo que son, hoy por hoy, gracias a su obra. La obra de una figura única, inspiradora de leyendas que sentó la cátedra de lo que un samurái debe llegar a ser.