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El noble arte del sumo

El sumo es un deporte en el que dos luchadores, llamados ‘rikishi’ se enfrentan en un espacio delimitado con sus manos desnudas. Además, es el deporte nacional de Japón por excelencia, aunque no sea el deporte más popular. El béisbol, por ejemplo, goza de mayor popularidad.

Mantiene una gran tradición histórica basada en claros aspectos sintoístas. Comprobable asistiendo a algún torneo vislumbrando el tejado sobre el ring o ‘dohyo’. Además de la purificación en la entrada o la ropa empleada por el árbitro. Diferente en su génesis, fue tras la Restauración Meiji cuando pudo convertirse en un deporte de ámbito nacional. Un deporte evocador de tradiciones ancestrales para unir a la población.

Sus reglas son sorprendentemente sencillas. Tras sus rituales, el sumo implica el combate entre dos luchadores que buscan sacar al oponente del ‘dohyo o tirarlo al suelo para vencer. Estos luchadores van pertrechados con una especie de “taparrabos” o “pañal” llamado ‘mawashi. Cinturón que cubre la entrepierna. Si por casualidad, alguno de los combatientes lo pierde, hará lo propio con el combate de forma automática.

Sus orígenes

Las antiguas leyendas del ‘Kojiki’ ya nombran acerca de un combate de este estilo hará unos 2500 años. Este combate enfrentó a los dioses Takemikazuchi y Takeminakata por la posesión de las islas japonesas y su mandato. La victoria de Takemikazuchi, consiguió la cesión para sus hombres de todo el territorio. Este relato es el empleado para hablar de la ascendencia divina de la casa imperial japonesa.

La ausencia en la cultura japonesa de documentos escritos hasta el siglo VIII causa la imposibilidad de conocer, excepto por estas leyendas, detalles sobre los orígenes del sumo. Por viejas pinturas en las murallas, todo parece indicar que sus orígenes son casi ancestrales. Gracias a ellas se conoce al menos, que el sumo se realizaba en rituales agrícolas para pedir buenas cosechas. Es asumible que era mucho más violento, sin presas prohibidas y con una verdadera lucha encarnizada hasta el final de alguno de los combatientes.

No obstante, no fue hasta el año 642 cuando se produjo el primer combate de sumo históricamente contrastado. Fue la emperatriz Kogyoku quien hizo que sus guardias de palacio practicaran sumo para entretener a los enviados de una corte coreana.

Existen muchos apuntes y anotaciones algo más tardías que mencionan que el sumo era practicado entre bastidores de la corte imperial, incluyendo las ceremonias de coronación. Esta práctica o costumbre denominada ‘tenranzumo’ (sumo delante de presencia imperial) se mantiene aún en el presente. Evidentemente de forma diferente. Por supuesto, si el emperador está presente, los rituales de entrada al ‘dohyo’ evitan siempre darle la espalda.

Masificación

Durante el reinado del emperador Shomu (724 y 749), muchos luchadores fueron reclutados por todo el territorio nipón para la práctica del sumo en los jardines imperiales para engrosar la festividad llamada ‘sechie’. Celebrada anualmente en el séptimo día del séptimo mes lunar. A causa del ‘sechiezumo’, el deporte pasó de ser una costumbre agraria a un rezo sagrado por la paz y la prosperidad de la sociedad japonesa.

Al final del siglo VIII, gracias al emperador Kanmu, el ‘sechiezumo’ aumentó y se masificó (7941185). Y durante el reinado del emperador Saga, -ya en el siglo IX– su práctica se fomentó como un arte marcial. Las reglas y técnicas actuales fueron cimentadas y refinadas.

Algunos shogunatos posteriores derivaron a que el sumo fuera practicado por las clases guerreras, pero fue destacada la figura de Oda Nobunaga, -importante señor feudal de la época- muy aficionado al deporte que nos ocupa. Allá por febrero de 1578 reunió a 1500 luchadores del país para realizar un enorme torneo en su castillo. Aquí se delimitaron los primeros círculos que hoy en día son esenciales al pintar estos límites circulares para organizar y acelerar los combates. Hasta entonces, solía ser el que los espectadores dejaban al rodear a los contendientes para observarles.

Fue cuestión de tiempo (apenas unos 40 años más tarde) que figuras importantes comenzaran a patrocinar luchadores y se generara un sistema de “apuestas” que garantizaban una vida notable a los luchadores destacados. Los luchadores o ‘rikishi’ comenzaban a intentar ser vistos por los ‘daimyō más importantes.

Las clasificaciones

Nos trasladamos el periodo Edo para establecer el inició del sistema de clasificaciones. Al acabar la era Tokugawa, los luchadores construyeron sus propias viviendas en las ciudades. Conocidas actualmente como ‘heya. Al tipo de sumo de aquel momento, que tenía el objetivo de recaudar fondos para construir estas citadas viviendas, se le llamó ‘kanjinzumo’. Aunque lo cierto es que parte del dinero también se usaba para pagar a los luchadores, muchos de los cuales eran ‘rōnin’ (o samuráis sin ocupación) tras las reformas de la era Meiji. A efectos prácticos, el dinero recogido se usaba, sobre todo, como salario para los combatientes.

La actual Asociación Japonesa de Sumo fue creada en 1972 y es fruto de la unión de las dos asociaciones anteriores más fuertes existentes en la época. Primero la de Osaka (a su vez resultado de la fusión con la de Kioto) y después, la de Tokio. Este gigante es encargado de vigilar las tradiciones y mantenerlas. Cosas como el tejado suspendido sobre el ‘dohyo’ con forma evocadora de un santuario sintoísta o la vestimenta del árbitro; símbolo del traje de caza de un guerrero japonés del pasado.

Expansión y afianzamiento internacional

La popularidad del sumo ha disfrutado de crecimiento exponencial hasta alcanzar las fronteras mundiales. Muchos luchadores de más allá del País del Sol Naciente, han alcanzado la cima de este deporte, -llegando a ser campeones-Y esto, sin duda, ha hecho que creciera hasta convertirse en un aspecto fundamental de la cultura popular mundial.