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Kenji Miyazawa, el bondadoso humanista

“Debemos abrazar el dolor y quemarlo como combustible para nuestro viaje.” Miyazawa

Miyazawa Kenji (ÂÆÆÊ≤¢ Ë≥¢Ê≤ª) nació en Hanamaki – Prefactura de Iwate-, una ciudad del noreste de Japón, en 1896. En su familia acomodada no había ningún precedente literario, sin embargo desde pequeño tuvo inclinación por las letras. En la escuela ya hizo sus primeros pinitos como escritor, que consistieron en poemas conocidos como tanka – poemas de cinco versos -, que posteriormente publicó en periódicos locales. Fue a la universidad de Morioka, donde estudió en la Escuela de Agricultura y se especializó en ingeniería química agrícola. Por qué eligió esta profesión, para ayudar a los campesinos pobres de su entorno. Y es que fue educado en los preceptos del budismo que, como sabemos, anteponen el interés de los demás al propio, basándose en el concepto filosófico del ahimsa (‡§Ö‡§π‡§ø‡§Ç‡§∏‡§æ , no violencia). De hecho toda esta visión espiritual impregnaría su obra literaria.

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Esta inquietud social le llevaría a fundar la Sociedad Rasuchijin, en la que enseñaba técnicas agrarias a los jóvenes con la intención de mejorar el nivel de vida de los agricultores. Después se dedicó a la investigación científica y a ayudar a su familia mientras escribía cuentos fantásticos. Más adelante, en Tokio, trabajó de profesor y en una editorial a la vez que publicaba poemas y cuentos. La muerte de su hermana Tonshi fue un duro golpe que le llevó a refugiarse más en los libros. Le dedicó a su hermana muerta poemas bellísimos como “Eiketsu no asa” (Ê∞∏Ë®£„ÅÆÊúù) que significa ‚ La mañana de la despedida eterna…ù .

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El estilo de los relatos Miyazawa es un cóctel de realidad y fantasía aderezado con buenas dosis de humor. Para Miyazawa la fantasía forma parte de la realidad porque es, en palabras del autor, ” un lugar donde la mente ya estuvo anteriormente”. La línea que separa la dura realidad del mundo de los sueños es muy difusa en su obra. Además hay un trasfondo didáctico, algo que es coherente con su trayectoria de profesor y su vocación de servicio a la sociedad. Otro rasgo de su escritura es la riqueza de vocabulario procedente de su vasta cultura. Entre sus obras destacan los relatos; “El tren nocturno de la Vía Láctea”, “La vida de Budori Guski” e “Historias mágicas”. Y es muy emblemático el poema ” Sin dejarse vencer por la lluvia”, un canto a la bondad.

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Pero además de ingeniero, activista, investigador, profesor y literato, tenía una gran pasión por la música clásica europea – tocaba el violoncello – y una cultura universal impropia de su época ( le interesaba el esperanto). Es decir, era un humanista, un hombre renacentista que pretendía reunir todo el conocimiento para ponerlo al servicio de su pueblo. Por todo ello ahora es un autor muy popular y querido en Japón, en vida fue muy desconocido para el gran público . Murió a los treinta y dos años, enfermo de tuberculosis.

Fuentes: Wikipedia, Culturamas, Montse Watkins, Quaterni.