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Kanoko Okamoto, una poetisa nada convencional

Kanoko Okamoto, una poetisa nada convencionalNacida como Kano Onuki (1889-1939) en Tokio, en el seno de una familia de clase media-alta, por lo que pudo disfrutar de un estilo de vida acomodado.

Desde su infancia, siempre tuvo problemas de salud; a los cinco años sufrió escrófula, y a partir de los siete años, queratitis y neurastenias continuas derivadas de la primera enfermedad.

Todo ello no le impidió estudiar en el exclusivo Instituto Femenino Atomi, donde recibiría clases de la mismísima fundadora del centro, Kakei Atomi (1840-1926), ni frecuentar ambientes literarios junto a su hermano Shosen, donde conocería a Akiko Yosano (1878-1942), un referente en la vanguardia de la poética por su estilo romántico y carácter feminista que ejerció una gran influencia artística en ella.

Después de graduarse en el instituto en 1907, comenzó su etapa poética en la que escribió las obras Karokinetami (Ligeros celos, 1912), Ai no nayami (Sufrir por amor, 1918), Ukimi (Ablución, 1925) y Waga saishu hashu (Mi última antología poética, 1929), siendo la última el punto final de este ciclo.

Dio un salto con ensayos de corte budista alternando con la narrativa en 1928, enfocándose más en la segunda a partir de 1936, que culminaría con su muerte en 1939.

Se casó con Ippei Okamoto (1886-1948) en 1910, estando Kanoko embarazada de su hijo Taro (1911-1996). El matrimonio resultó ser un fracaso, aunque pudieron reconducir la relación a una más paterno-filial, teniendo ella otras relaciones sentimentales, dedicándose plenamente a su desarrollo como poetisa y escritora, y recibiendo influencia artística de su marido.

La relación que dejó mayor huella emocional en ella fue con Ryunosuke Akutagawa, pues no pudo perdonarse nunca el no haber sabido ayudarle a alejarse del camino que le condujo al suicidio. Todo ello lo refleja en la obra de autoficción llamada La grulla doliente, en la narró sus vivencias con el escritor hasta su fallecimiento.

Kanoko Okamoto escribió sobre el amor, la maternidad, sus propias vivencias y la belleza desde el egocentrismo, una etapa de desarrollo más propia de la infancia que de la adultez, aunque reflejó en sus obras a protagonistas femeninas (todas ellas son reflejos de la autora) con un perfil profundo y con numerosas inquietudes, lo que enriquecía sus escritos.

A pesar de que sus poesías, ensayos, relatos y novelas muestran su mundo interior, supo embellecerlos gracias a las influencias que recibió a lo largo de su vida, lo que la convierte en una de las artistas más importantes de principios del siglo XX en Japón.

La grulla doliente, su único libro publicado en español hasta la fecha, explora, de un modo magistral, algunos de los temas que hicieron tambalear la sociedad japonesa de principios del siglo XX como fueron la occidentalización, el suicidio o el feminismo.